Rosa Campos Pulido
Doctora en Ciencias en Agroecosistemas Tropicales
Mexicana

No todas las personas procesamos la información, aprendemos, nos comunicamos o respondemos a lo que ocurre a nuestro alrededor de la misma manera. Esto es relevante cuando los espacios educativos, laborales e industriales parten de la idea de que todas las personas perciben, procesan y se relacionan con el mundo de forma similar. Determinadas características de un espacio pueden facilitar la participación de algunas personas y, al mismo tiempo, convertirse en barreras para otras.
Pero entonces, ¿qué es la neurodivergencia?
El término neurodivergencia se utiliza para referirse a formas de funcionamiento neurológico que difieren de las consideradas predominantes o neurotípicas. Estas diferencias pueden expresarse en la atención, el aprendizaje, la comunicación, el procesamiento de información, la regulación de respuestas y la percepción del entorno (McLennan et al., 2025).
Las representaciones sociales nos ayudan a interpretar y dar sentido a la realidad. Moscovici (1961) explicó que los grupos construyen conocimientos, imágenes e ideas compartidas para comprender aquello que los rodea. Desde esta perspectiva, podemos preguntarnos qué ocurre cuando una diferencia neurológica es interpretada únicamente como un déficit o como algo que se encuentra “fuera de lo normal”. Cuando esto sucede, una diferencia biológica puede convertirse también en una barrera social.
Para comprender esta relación entre diversidad y contexto podemos pensar en algo tan cotidiano como un grano de café. Un grano tiene características propias: tamaño, forma, origen, composición y grado de maduración. Sin embargo, el resultado también depende de cómo se cultiva, selecciona, tuesta, muele y prepara. La diferencia no está necesariamente en que un grano sea “bueno” y otro “malo”, sino en reconocer sus particularidades y las condiciones en las que se desarrolla.
¿Y qué significa percibir el ambiente de una manera diferente?
El ambiente no está constituido únicamente por agua, suelo, vegetación o clima. También incluye los espacios que construimos y las condiciones sociales en las que desarrollamos nuestra vida. Una escuela, una oficina, una fábrica, una vivienda, una calle o una plataforma digital forman parte de los ambientes que habitamos.
En estos espacios, los estímulos pueden experimentarse de maneras diferentes. Un salón con luces intensas, ruido constante, conversaciones simultáneas o numerosos estímulos visuales puede facilitar o dificultar la concentración. Una instrucción extensa y exclusivamente verbal puede ser sencilla para algunas personas, mientras que para otras puede resultar más accesible cuando se acompaña de información escrita, visual o estructurada.
También pueden existir diferencias frente a los cambios inesperados. Una modificación repentina de horarios, actividades o rutinas puede representar una dificultad mayor para algunas personas. Proporcionar información previa, instrucciones claras o espacios con menos estímulos puede favorecer la participación.
Estas experiencias no son iguales para todas las personas neurodivergentes. Hablar de percepción diferenciada del ambiente significa reconocer que las características individuales interactúan con las condiciones de los espacios. Erb (2026) destaca la importancia de considerar la experiencia individual y las características de los ambientes construidos, organizacionales, sociales y culturales. Por lo tanto, es importante evitar generalizaciones y comprender que una misma condición ambiental puede ser experimentada de manera distinta por cada persona.
Esto también lleva a cuestionar cómo diseñamos nuestros espacios. Si un ambiente supone que todas las personas deben percibir, aprender, comunicarse y responder de la misma manera, algunas diferencias pueden convertirse en obstáculos innecesarios. Reconocer esta diversidad permite preguntar qué puede modificarse en el espacio para facilitar la participación.
Una plataforma digital puede presentar simultáneamente imágenes, sonidos, notificaciones, ventanas emergentes y grandes cantidades de texto. Para algunas personas, esta diversidad puede facilitar el acceso a la información; para otras, puede generar saturación. Diseñar ambientes digitales accesibles implica considerar diferentes formas de interacción y ofrecer alternativas para organizar y procesar la información.
Estas situaciones permiten observar que la exclusión no siempre ocurre mediante una acción intencional o una forma evidente de discriminación. También puede producirse cuando los espacios, las reglas, las formas de comunicación o las expectativas de comportamiento se diseñan pensando en una única manera de percibir, aprender o participar.
En una escuela, por ejemplo, una instrucción transmitida únicamente de manera oral puede dificultar la comprensión para quienes requieren apoyos visuales o información organizada por pasos. En un espacio laboral, las reuniones programadas sin considerar la hora de finalización, la falta de estructura, el ruido constante o los cambios repentinos pueden generar sobrecarga y dificultar la participación. En una organización, interpretar una forma diferente de comunicarse o responder como falta de interés, compromiso o adaptación puede generar formas de discriminación silenciosa.
La situación también puede presentarse en los espacios familiares y sociales. Una persona puede ser considerada “extraña”, “exagerada” o “poco flexible” cuando sus necesidades sensoriales, sus formas de comunicación o su manera de responder a determinadas situaciones no coinciden con las expectativas predominantes. Cuando estas interpretaciones se repiten, la diferencia puede dejar de entenderse como una característica humana y convertirse en motivo de exclusión.
Desde esta mirada, la cultura de paz no se limita a la ausencia de violencia directa; también implica generar condiciones de convivencia basadas en el respeto, la inclusión y el reconocimiento de las diferencias (Morales Brito & Lara Romero, 2025). Cuando una persona neurodivergente debe adaptarse permanentemente a entornos rígidos, saturados o poco claros, la responsabilidad de participar recae únicamente sobre ella. En cambio, transformar determinadas condiciones del entorno permite compartir esa responsabilidad y construir espacios más accesibles y respetuosos.
Las personas neurodivergentes no deberían ser consideradas únicamente desde aquello que supuestamente “les falta” para adaptarse a un modelo establecido. También podemos preguntarnos qué ocurre cuando sus experiencias y formas de participación son tomadas en cuenta (Crompton et al., 2024). Esto resulta relevante porque las estrategias de comunicación, educación y participación pueden ser más inclusivas cuando consideran distintas formas de recibir y procesar información.
Esta idea también se relaciona con la necesidad de reconocer diferentes formas de construir conocimiento. Binimelis-Espinoza y Roldán-Tonioni (2017) destacan la importancia de reconocer la diversidad de saberes y perspectivas. Escuchar diferentes experiencias puede ampliar nuestra comprensión de los problemas y contribuir a construir respuestas sensibles a distintos contextos.
Reconocer la neurodivergencia es una invitación a mirar de otra manera la diversidad humana. En un mundo complejo y tecnológico, necesitamos dejar de buscar una única forma de experimentar la realidad y construir espacios que faciliten una participación más inclusiva. Por lo tanto, la diversidad no debería ser un problema que debamos resolver, sino una realidad que necesitamos aprender a reconocer. ¿Qué pasaría si dejáramos de preguntar quién encaja en nuestro mundo y comenzáramos a preguntarnos qué tipo de mundo estamos construyendo para que diferentes formas de percibir, aprender, participar y habitar puedan coexistir?
Bibliografía
Binimelis-Espinoza, H., & Roldán-Tonioni, A. (2017). Sociedad, epistemología y metodología en Boaventura de Sousa Santos. Convergencia, 24(75), 215–235. https://doi.org/10.29101/crcs.v0i75.4185
Crompton, C. J., Fotheringham, F., Cebula, K., Webber, C., Foley, S., & Fletcher-Watson, S. (2024). Neurodivergent-designed and neurodivergent-led peer support in school: A feasibility and acceptability study of the neurodivergent peer support toolkit (NEST). Neurodiversity, 2. https://doi.org/10.1177/27546330241275248
Erb, M. (2026). Autism and climate change. En Climate change and disability: A collaborative approach to a sustainable, inclusive future for all (Cap. 14, pp. 97–103). Elsevier. https://doi.org/10.1016/B978-0-443-31568-8.00045-3
McLennan, H., Aberdein, R., Saggers, B., et al. (2025). Thirty years on from Sinclair: A scoping review of neurodiversity definitions and conceptualisations in empirical research. Review Journal of Autism and Developmental Disorders. https://doi.org/10.1007/s40489-025-00493-2
Morales Brito, D. D., & Lara Romero, L. (2025). Fundamentos teóricos: cultura de paz y cultura inclusiva escolar en alumnos con discapacidad. LiminaR, 23(2), e1111. https://doi.org/10.29043/liminar.v23i2.1111
Moscovici, S. (1961). La psychanalyse, son image et son public. Presses Universitaires de France.
