Resignificaciones del cuerpo femenino en la prostitución

Jessica Dafne Rodríguez Flores

La prostitución es un fenómeno social en el que se llevan a cabo relaciones de poder, desigualdades estructurales y construcciones simbólicas que influyen en la vida de las mujeres que se encuentran en esta situación. En contextos patriarcales, el cuerpo femenino continúa siendo concebido como un objeto de control y consumo. Desde una perspectiva feminista abolicionista, este artículo analiza las significaciones del cuerpo femenino en la prostitución a partir del estigma, el discurso y la vulnerabilidad social.

El cuerpo más que una entidad biológica es una construcción social atravesada por normas, valores y relaciones de poder (Bourdieu, 1989). En el caso de las mujeres, el cuerpo ha sido cargado de significados culturales asociados con la pureza, la castidad y la maternidad; por lo tanto, aquellas que se encuentran fuera de estos parámetros son acusadas de transgresoras. Como señala Lagarde (1997), la corporalidad femenina se encuentra bajo vigilancia constante, y cualquier desviación de los roles normativos conduce a la estigmatización.

En este sentido, Goffman (2006), plantea el concepto de estigma como un atributo que contribuye a la desacreditación social. Específicamente su papel consistía en señalar a grupos que se encontraban dentro de tres categorías principales: (a) las abominaciones corporales, donde se incluyen malformaciones físicas y enfermedades, (b) los defectos relacionados con el comportamiento y el carácter, (c) los estigmas tribales, vinculados con la etnia, la cultura y las creencias religiosas o espirituales de una persona. En el caso de las mujeres en situación de prostitución, se reproduce una doble estigmatización: por un lado, debido a su género y, por otro, por la situación en la que se encuentran (Clemente, 2020).

En el contexto prostitucional, el cuerpo femenino se resignifica como un objeto profano, reducido a una mercancía sexual. Por ejemplo, en distintos contextos sociales, el cuerpo de las mujeres en situación de prostitución es considerado como sucio, y quienes se encuentran en esta situación son señaladas como malas mujeres a las que se les atribuye la falta de cuidado y respeto por sus propios cuerpos.

Esta lógica impacta en la identidad y la autopercepción de las mujeres, generando sentimientos de inferioridad y vergüenza, lo que fragmenta su identidad y refuerza la subordinación dentro del sistema proxeneta (Montiel, 2013). Asimismo, se tienda a naturalizar la prostitución como resultado de una supuesta elección individual, invisibilizando las múltiples violencias y vulnerabilidades estructurales que atraviesan a las mujeres en esta situación. En discursos populares y cotidianos, se suele afirmar que las mujeres deciden estar dentro de la prostitución, sin considerar otros factores estructurales que limitan dicha elección.

Además, el patriarcado establece una dinámica de control en la que el cuerpo de las mujeres carece de autonomía, convirtiéndose en un objeto de apropiación y consumo masculino. Garaizabal (2007), señala que la prostitución refleja la deshumanización femenina, en tanto el cuerpo propio se fragmenta y queda a disposición de quien posee los recursos económicos para acceder a él. En este proceso la libre elección de las mujeres se ve anulada, ya que la transacción sexual no ocurre en condiciones de igualdad, sino dentro de un régimen de subordinación (Aguilar, 2019).

No obstante, la cosificación de los cuerpos femeninos no se sostiene únicamente desde el sistema patriarcal, sino tambien en el capitalismo, que favorece la mercantilización de los cuerpos al transformarlos en una forma de recurso económico. En este contexto, los proxenetas se benefician de las vulnerabilidades de las mujeres, convirtiéndolas en oportunidades de negocio (Montiel, 2013). Como plantean Betancur et al. (2011), los cuerpos de las mujeres se convierten en depositarios de transacciones sexo- comerciales que generan plusvalía a partir de la violencia y la explotación sexual y psicológica que ellas experimentan.

De este modo, el cuerpo deja de ser parte de un todo para vivirse como un objeto de intercambio, cargado de marcas físicas y emocionales derivadas de la cosificación y la violencia cotidiana. Como menciona Aguilar (2023), la negociación constante con los prostituyentes implica procesos de deshumanización en los que la subjetividad femenina queda anulada. Estas dinámicas pueden generar en las mujeres una disociación entre su identidad y su propio cuerpo.

Asimismo, los espacios prostitucionales refuerzan la marginación y la percepción social de los cuerpos femeninos. (Aguilar, 2019) plantea que zonas rojas, bares, moteles y plataformas digitales configuran espacios prostitucionales que aíslan a las mujeres y presentan sus cuerpos como mercancías disponibles para el consumo. De esta manera, el espacio delimita los lugares donde los cuerpos pueden ser ofertados, favoreciendo la explotación y legitimando la idea de que estos son objetos de consumo que se encuentran a disposición de los hombres.

En consecuencia, la articulación entre patriarcado y capitalismo configura un entramado de dominación que atraviesa el cuerpo femenino en los espacios prostitucionales, limitando su autonomía y reforzando su condición de objeto de intercambio. De acuerdo con Yglesias (2017), las dinámicas de control, cosificación y mercantilización no solo impactan en el plano material, sino tambien en el simbólico y emocional, reproduciendo formas de violencia que tienden a normalizarse. Estas lógicas perpetúan la inscripción del cuerpo femenino en un sistema que legitima su explotación y exclusión, dificultando el reconocimiento pleno de su dignidad y sus derechos.

El cuerpo femenino se configura como un territorio de explotación en el que convergen el capitalismo y el sistema proxeneta. En este sentido, la prostitución se presenta como un espacio donde se materializan la cosificación y el estigma, lo que contribuye a la fragmentación de la identidad de las mujeres. Este proceso resignifica sus cuerpos tanto a nivel individual como social, reforzando formas de violencia estructural y simbólica. Así, el estigma y los discursos que lo sostienen no solo nombra a las mujeres en situación de prostitución, sino que configuran las condiciones bajo la cuales sus cuerpos son percibidos, valorados y utilizados.

En este sentido, comprender la prostitución desde esta perspectiva permite evidenciar que la transformación del cuerpo a mercancía no responde a decisiones individuales, sino a un sistema de desigualdades que limita su autonomía y reproduce su subordinación.

Referencias bibliográficas:

Aguilar, A. (2019). Verbo mata carita, pero carterita las matas juntitas: Espacio prostitucional, prostituyentes y prostituidores [Tesis de licenciatura, Universidad Autónoma de Tlaxcala, Facultad de Filosofía y Letras].

Aguilar, S. (2023). ¡En nuestra web tenemos de todo! Una chica atrevida, delgadita, agradable, apasionada, atractiva y súper caliente: Espacio prostitucional sociodigital: una producción del sistema proxeneta y sus actores [Tesis de maestría, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla]. https://repositorioinstitucional.buap.mx/server/api/core/bitstreams/663ac0fd-7d36-

Betancur Betancur, C., & Marín Cortés, A. F. (2011). Cuerpo, comercio sexual, amor e identidad. Significados construidos por mujeres que practicaron la prostitución.

Revista CES Psicología, 4(1), 32-51. Bourdieu, P. (1989). El espacio social y la génesis de las «clases». Estudios sobre las Culturas Contemporáneas,3(7), 27-55. Universidad de Colima. Recuperado de: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=31630703Clemente,

Clemente, C. (2020). El impacto psicológico del estigma prostituta. Revista del Laboratorio Iberoamericano para el Estudio Sociohistórico de las Sexualidades.4 (8), 152-172.

Garaizabal, C. (2007). El estigma de la prostitución, en Briz, M. y Garaizabal, C. (Ed.), La prostitución a debate. Por los derechos de las prostitutas (pp. 43-55) Talasa: Madrid.

Goffman, E. (2006). Estigma. La identidad deteriorada. Buenos Aires-Madrid: Amorrortu Editores.

Montiel, O. (2013). El lado oscuro del México profundo: Las estructuras básicas de

la explotación sexual y las lógicas de reproducción social comunitaria como parte

del proceso de proxenetización de una región rural. [ Tesis de doctorado, Centro de

Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social].

https://ciesas.repositorioinstitucional.mx/jspui/bitstream/1015/811/1/TE%20M.T.%202013%20Oscar%20Montiel%20Torres.pdf

Lagarde, M. (1997). Cautiverios de las mujeres: Madresposas, monjas, putas, presas y locas. UNAM.

Yglesias, I. (2017). Porque ser puta no es oficio, ni lo más antiguo del mundo. Puntos de quiebre, espirales de violencia y subordinación de mujeres en situación de prostitución. [Tesis de maestría, Escuela Nacional de Antropología e Historia].

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