El papel del audiovisual en los conflictos socioambientales

María del Carmen Camacho-Gómez

Universidad Panamericana, México

mcamacho@up.edu.mx

https://orcid.org/0000-0002-4121-6081

En América Latina, los conflictos socioambientales relacionados con el acceso al agua, la defensa del territorio y el derecho a la vivienda se han intensificado. Este proceso ocurre en un contexto marcado por la urbanización desigual, la explotación descontrolada de recursos naturales y la crisis climática. Dichos conflictos se resuelven en un ámbito legal o institucional donde se decide qué voces son escuchadas, qué saberes son legitimados y qué narrativas circulan en el espacio público. En este escenario, las producciones audiovisuales se han consolidado como una herramienta fundamental para visibilizar, documentar y politizar estas problemáticas.

El uso de formatos como el documental corto, la entrevista audiovisual y el video-ensayo ha permitido que comunidades afectadas, colectivos ciudadanos y realizadores independientes construyan relatos alternativos frente a discursos oficiales que presentan los conflictos socioambientales como inevitables, técnicos o despolitizados. Desde una perspectiva comunicacional, el audiovisual no funciona únicamente como medio de representación, sino como una forma de intervención social que articula evidencia, memoria y acción colectiva.

Entre los aportes más relevantes del audiovisual en los conflictos socioambientales está su capacidad para operar como evidencia social. En este contexto, es posible distinguir tres dimensiones:

  1. Como evidencia jurídica es un registro potencialmente útil en procesos de despojo territorial, desplazamientos forzados o condiciones de vida precarias. 
  2. Como conector emocional, que provoca empatía en el público frente a las experiencias y testimonios mostrados; y 
  3. Como herramienta de movilización política, para dar visibilidad a los conflictos y a promover acciones colectivas.

A diferencia de los informes técnicos o peritajes especializados, el video integra elementos visuales y testimonios que impactan a audiencias diversas. Como señala Renov (2004), el documental no solo informa, sino que produce conocimientos, articula experiencias, y construye contexto. En este sentido, el audiovisual amplía información al incorporar saberes comunitarios y experiencias vividas que suelen quedar fuera de los registros institucionales.

Asimismo, el audiovisual cumple una función clave como herramienta de denuncia y disputa. Como ejemplo, puede mencionarse el documental colombiano “La Buena Vida” (Jens Schanze, 2015), que muestra el impacto que las minas de carbón tienen en comunidades wayúu, en La Guajira. Esta producción ha permitido visualizar el conflicto ambiental a nivel internacional, y a generar presión mediática.  

Los conflictos socioambientales suelen estar atravesados por narrativas que priorizan el crecimiento económico, la inversión o la modernización, invisibilizando sus impactos sociales y territoriales. Frente a ello, producciones audiovisuales como el documental corto y el video-ensayo permiten cuestionar estos marcos interpretativos, al mostrar las consecuencias concretas que dichos proyectos tienen en la vida cotidiana de las comunidades.

La fuerza del audiovisual radica en su capacidad para volver a situar el conflicto en la mira del espectador. Las entrevistas a personas afectadas, las imágenes del entorno degradado o los registros de movilización social rompen con la abstracción de los discursos técnicos y reintroducen dimensiones éticas y políticas en el debate público. Como señala Rodríguez (2011), los medios ciudadanos no se limitan a transmitir información, sino que ayudan a dar voz a las personas y a generar participación en situaciones de desigualdad y violencia.

Más allá de la denuncia, el audiovisual opera como una herramienta política y pedagógica en los procesos de organización y resistencia comunitaria. Los materiales audiovisuales producidos en torno a conflictos por el agua, la tierra o la vivienda suelen circular en asambleas, espacios educativos, festivales comunitarios y plataformas digitales, contribuyendo a la formación de conciencia crítica y al fortalecimiento de redes de solidaridad.

Desde esta perspectiva, el audiovisual no solo informa, sino que educa y moviliza. Al articular relatos colectivos y memorias compartidas, el video favorece procesos de identificación, fundamentales para la construcción de culturas de paz. Asimismo, permite visibilizar estrategias locales de cuidado del territorio, gestión comunitaria de recursos y resolución no violenta de conflictos, ofreciendo alternativas frente a discursos de confrontación.

Sin embargo, este potencial transformador del audiovisual también abre interrogantes éticas; la exposición de rostros, territorios o testimonios puede implicar riesgos para las personas involucradas, especialmente en contextos de persecución o violencia. Por ello, resulta indispensable reflexionar sobre las condiciones de producción, consentimiento informado y circulación de los materiales audiovisuales.

Asimismo, es importante evitar convertir el sufrimiento en un recurso estético, donde las imágenes se consumen sin un compromiso real con las problemáticas que representan. Como advierte Aufderheide (2007), el documental implica siempre una relación de responsabilidad entre quien filma, quien es filmado y quien observa. En el ámbito socioambiental, esta responsabilidad se traduce en prácticas audiovisuales éticas, colaborativas y sensibles a su contexto.

En un escenario de crecientes crisis ambientales y disputas territoriales, el audiovisual se consolida como una herramienta clave para comprender y enfrentar los conflictos socioambientales. A través de formatos breves y accesibles, el video se convierte en prueba, denuncia y acción política, ampliando las posibilidades de participación ciudadana y de construcción de justicia social.

Más que un simple recurso comunicativo, el audiovisual constituye un espacio donde se articulan memoria, conocimiento y acción colectiva. Su capacidad para promover la equidad, visibilizar voces marginadas y fortalecer culturas de paz lo convierte en un elemento central en la defensa del territorio y de los derechos socioambientales en América Latina.

Referencias

Aufderheide, P. (2007). Documentary film: A very short introduction. Oxford University Press.

Renov, M. (2004). The subject of documentary. University of Minnesota Press.

Rodríguez, C. (2011). Citizens’ media against armed conflict: Disrupting violence in Colombia. University of Minnesota Press.

Schanze, J. (Director). (2015). La Buena Vida. Alemania/Colombia.

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