José Carlos López Figueroa
Doctor en Estudios Organizacionales, actualmente Profesor-Investigador en el ITSON Guaymas
Mi madre era una mujer dedicada, cariñosa y cuidadosa de cada detalle del hogar. A pesar de ello, vivía con un obstáculo tenaz: mamá era sorda y su vida dependía, muchas veces, de quienes sí podían oír. La sordera o hipoacusia es la pérdida parcial o total de la capacidad auditiva, un déficit funcional que modifica la relación con el entorno (Hospital Clinic de Barcelona, 2025) y puede ser heredada o adquirida por una enfermedad, un traumatismo, la exposición prolongada al ruido o como efecto secundario de ciertos medicamentos.
Cada 3 de marzo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) conmemora el Día Mundial de la Audición, recordándonos la importancia de la salud auditiva. En el mundo, cerca de 430 millones de personas presentan una pérdida auditiva discapacitante y se estima que para 2050 la cifra supere los 700 millones, será una de cada diez (OMS, 2025). En México, la visibilización de las personas sordas tiene raíces históricas: desde 1867, cuando se fundó la Escuela Nacional de Sordomudos por decreto de Benito Juárez. Desde entonces, cada 28 de noviembre, se reúnen frente al Hemiciclo a Juárez para conmemorar su día. En este país, más de seis millones de personas viven con alguna discapacidad; entre ellas, el 21.9% tiene hipoacusia (Instituto Nacional de Estadística y Geografía [INEGI], 2020a).
México registró más de 4 millones de personas con dificultades para oír aun usando aparato auditivo, de las cuales 2,900,108 escucha con limitación y 1,350,802 presentan discapacidad. En ambos rubros, los hombres son los más afectados. (INEGI, 2020b). Por entidad federativa, el estado de México se ubica en la primera posición, seguido de la Ciudad de México y en el tercer lugar se encuentra el estado de Veracruz, la lista la cierra el estado de Baja California Sur con 21,781 personas.
Aunque las cifras son importantes, la sordera sigue siendo una discapacidad invisible, y por ello, una de las más segregadas. Esta invisibilidad se traduce en barreras reales. Aunque hablamos de inclusión, las personas sordas aún encuentran obstáculos en escuelas, trabajos, hospitales y espacios públicos. Muchas veces olvidamos que las barreras más crueles no siempre se ven.
Cony y su madre
Cony tenía dieciséis años cuando una enfermedad sacudió a su familia. Su madre, una mujer sorda, comenzó a experimentar síntomas que no podía explicar con claridad. En el hospital no había intérpretes y el especialista desconocía el lenguaje de señas. Palabras como “fibrosis”, “biopsia” o “cáncer” carecían de señas precisas para ambas. Cony, también comenta que en aquel entonces entendía poco sobre el significado de una fibrosis y le daba pena expresarle al médico que a su mamá le dolía el pezón (Vega, 2025). Así, el silencio médico se convirtió en una barrera de comunicación que retrasó el diagnóstico.
Miguel Ángel
Un paciente diagnosticado con hipoacusia afirma que lo primero que cambia no es la capacidad de oír, sino, el carácter. Presentas síntomas de “irritabilidad, porque al no oír bien te aíslas […] quedarse sordo es una putada muy grande, la pasas mal, piensas mal”. La sordera, además de afectar la comunicación, altera la manera en que uno se relaciona consigo mismo. Sin embargo, él también habla de resiliencia. Reconoce los avances tecnológicos y la importancia de pedir ayuda. “Hay profesionales que pueden orientarte. No lo enfrentes solo”, insiste (Hospital Clinic de Barcelona, 2019).
Mi madre
Las historias de Cony y Miguel Ángel se enlazan con la de mi madre, quien vivió más de quince años con hipoacusia. Era trabajadora social en una escuela de educación básica, donde la carga laboral y el estrés diario provocaron, con el tiempo, psoriasis, angustia e irritabilidad. Cuando solicitó un cambio de actividad, le fue negado. Cuando pidió la pensión por sordera, también. “Puede seguir trabajando —decían—. La sordera no se ve”. Como si aquello que no se ve no doliera, no limitara, no afectara profundamente la vida.
Años después, fue diagnosticada con cáncer terminal. Entonces las barreras volvieron a aparecer. Los médicos no sabían lenguaje de señas y muchas veces no ajustaban su forma de hablar. Yo me convertí en su intérprete, acompañándola a estudios y explicándole los diagnósticos con una voz más alta de lo habitual, tratando de que cada palabra la oyera. A veces los médicos ignoraban mis solicitudes y me tocaba repetir instrucciones para sostener una conversación con ella.
En lo social, mi madre también comenzó a aislarse. Evitaba reuniones familiares o encuentros con amigos, cansada de esforzarse por entender conversaciones que se escapaban entre silencios y murmullos. Su carácter cambió; quienes no comprendían su situación solían decir: “Ella vive en su mundo”. Pero no era un mundo propio: era un mundo impuesto por las barreras de la comunicación. Con el paso del tiempo comprendí que la exclusión de las personas sordas no surge solo de la pérdida auditiva, sino de la manera en que la sociedad se organiza sin considerar sus necesidades. Desde el lenguaje hasta los procesos laborales, educativos y médicos, la sordera se ubica en un lugar frágil: invisible, ignorada y, por ello mismo, profundamente excluyente.
Si algo aprendí con mi madre, es que nos quedan pendientes muchas acciones para reducir las desigualdades sociales entre las personas sordas en las que se incluya la tecnología, la educación y la salud. Por ejemplo, Yeratziotis et al. (2022) en el ámbito de la innovación tecnológica, destaca el desarrollo Connect Deaf una aplicación móvil que permite a los usuarios comunicarse en lengua de señas a través de las principales redes sociales reduciendo la brecha entre las personas sordas y oyentes. En la educación, Fernandes et al. (2025) propone el anime “Koe no Katachi” para promover la inclusión de las personas sordas en la educación, destaca la importancia del lenguaje de señas y propone estrategias pedagógicas para entornos de aprendizaje inclusivos. En los hospitales, Freitas et al. (2024) proponen la utilización de códigos QR que muestren videos o imágenes en lengua de señas para mejorar la comunicación y la autonomía de personas sordas, para reducir las desigualdades sociales en la atención médica.
Referencias:
Hospital Clinic de Barcelona. (2025, 28 de marzo). ¿Qué es la sordera? Portal Clinic. https://www.clinicbarcelona.org/asistencia/enfermedades/sordera
Hospital Clinic de Barcelona. (2019, 22 de enero). La Sordera explicada en primera persona [Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=azZ_7aVAGuQ&t=1s
Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2020a). Censo de Población y Vivienda (CPV) 2020. https://www.inegi.org.mx/programas/ccpv/2020/
Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2020b). Población con discapacidad o limitación en la actividad cotidiana por entidad federativa y tipo de actividad realiza según sexo, 2020. https://www.inegi.org.mx/app/tabulados/interactivos/?pxq=Discapacidad_Discapacidad_02_2c111b6a-6152-40ce-bd39-6fab2c4908e3&idrt=151&opc=t
Organización Mundial de la Salud. (2025, 26 de febrero). Sordera y pérdida de la audición. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/deafness-and-hearing-loss
Vega, A. (2025, 27 de noviembre). No supe cómo decirle a mi madre sorda que tenía cáncer terminal. NMás. https://www.nmas.com.mx/nacional/no-supo-decirle-madre-sorda-tenia-cancer-terminal-escasez-lengua-senas-hospitales-mexico/
Yeratziotis, A., Achilleos, A., Koumou, S., Thibodeau, R. A., Vanezi, E., Geratziotis, G., Papadopoulos, G. A., y Iasonas, I. (2022). Accessible system and social media mobile application for Deaf Users: ASM4Deaf. Conference on Information Technology for Social Good. https://doi.org/10.1145/3524458.3547234
Fernandes, L., Da Silva, F. F., y Pereira, G. de F. dos S. (2025). A inclusão de pessoas surdas na educação e na sociedade utilizando o anime “koe no katachi” (a silent voice). Lumen et Virtus, 16(51), e7116, 1-19. https://doi.org/10.56238/levv16n51-011
Freitas Queiroz, R.C., Moura Porto, J.A., Britto Landim, L., Figueiredo Rocha, V.C. (2024). Strategy to improve communication for deaf individuals in a basic health unit: “help, need assistance?” Observatorio de La Economía Latinoamericana, 22(5), 1-8. https://doi.org/10.55905/oelv22n5-085

